jueves, diciembre 16

La media docena de hijos de puta

Carlos Barragán explica en siete claves su visión sobre el día después del conflicto que envolvió a Villa Soldati y al país durante los últimos días. Salió en DiarioRegistrado.com y esta muy bien

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    Sangre. La media docena de hijos de puta de siempre quiere sangre. (de aquí en adelante la media docena, pero léase “la media docena de hijos de puta de siempre”) La media docena pide que se revienten cabezas para cuidar los “espacios públicos”. Esos espacios públicos que se regalan a los amigos para que organicen exposiciones, para que hagan clubes, o sencillamente para que los conviertan en los jardines de sus casas de Barrio Parque. Que a diferencia de las villas es un barrio ocupado exclusivamente por gente buena (a pesar de estar contra una vía de tren) que se gana sus millones trabajando.

    Paz. A la media docena, cuando ve la sangre que quería, le da por pedir paz. Porque la sangre del negrito sirve para manchar al gobierno pero una mancha siempre es algo indeseable. Entonces la sangre deseada, se convierte en indeseada. La media docena sabe que para ser dañina debe ser versátil en sus pedidos.

    Conspiración. La media docena niega las conspiraciones. No le importa que Duhalde prometa en sus mitines que el gobierno va a perder por KO, y que “no llegan”. A la media docena no le interesa que un político con antecedentes “volteadores” y permanente manejo de fuerzas oscuras exteriorice sus ganas de echar de cualquier manera al gobierno. La media docena ve la conspiración del lado del gobierno nacional. Fue Cristina la que mandó a ocupar tierras en Soldati. ¿Para qué? Para que Macri tenga un problema. Pero la media docena resta los datos de los punteros macristas, de la promesa macrista de entregar títulos, de su absoluta desatención, de la llegada de barrasbravas barrionuevistas, y la más obvia: que ni siquiera a Macri se le ocurrió decir que esto había estado orquestado por el gobierno nacional. Es que la media docena es más macrista que Macri. Ellos son más vivos.

    Pobreza. La media docena se acuerda de la pobreza. Antes se acordaron de otros objetivos jugosos: de los robos, de la corrupción kirchnerista, del Indec mentiroso, de violentos diputados que golpean con la mejilla, de Boudou que quiere pagar deuda, de la crispación que generan los juicios a los genocidas, y de los pobres dueños de PapelPrensa. A la media docena los pobres le preocupan tanto, que les quiere romper la cabeza cuando aparecen pidiendo algo. Y la media docena quiere romperle la cabeza al
    gobierno que propicia la existencia de esos pobres. Y también al Indec que niega a los pobres. Y también a los pobres que dejaron de ser pobres durante estos años. Y a la
    Cepal que cuenta que hay menos pobres. La media docena –recuerde: de hijos puta de siempre- sabe qué debe recordar, cuánto y cuándo debe recordarlo, para matar la memoria verdadera.

    Contagio. La media docena dice que “teme” el efecto contagio. Que los hechos de Soldati se propaguen por todo el país. Que las hordas de pobres marginales salgan a ocupar terrenos, a saquear supermercados, a quemar autos, a tirar tiros, a robar en masa, a echar a los buenos vecinos de sus casas para comerse el quesito Adler que hay en la heladera. Pero la media docena ansía que se cumpla esa fantasía que dice “temer”. La media docena “advierte” cuando en realidad propone. “Avisa” cuando en realidad fogonea. Exige “prudencia” cuando en realidad alienta desbordes. Pide “racionalidad” cuando en realidad ansía el desquicio. La media docena insta al “orden” cuando en realidad trabaja para ese rato de anarquía que les permita volver a tener la sartén por el mango.

    Equidad. La media docena se puso equitativa. Asegura que en los hechos de Soldati la responsabilidad es tanto de Macri como de Cristina. No importa que Macri no gaste la guita que tiene para hacer obras, que la Metropolitana sea casi tan inútil como él, que no haga nada de nada y que encima presente su vacío de gestión como la prueba fehaciente de que el gobierno nacional no lo ayuda porque es la mierda más vil. No importa que Macri haya presentado a la inmigración como un delito que nadie evita. A la media docena no le interesa que la propuesta de Macri haya sido no-conversar con los actores del problema, y sí-combatir al invasor indoamericano. Y aunque es evidente que la solución llegó del lado del gobierno nacional, la media docena busca el equilibrio. O sea: Macri y Cristina son iguales. Mi pregunta para la media docena es entonces ¿si son iguales, por qué a Macri le defienden lo indefendible y a Cristina leatacan lo más elogiable? ¿Eh, media docena de hijos de puta de siempre?

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